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Poesías y cuentos. Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, pero la violencia se practica a plena luz del día” John Lennon

  Tuyo es mi corazón
roxanatorresneira.blogspot.com | Detalles | visitas : 1 |
Categoría : Inicio > Arte y literatura

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  • Vos Yo que hicimos tanto por mí - 13-02-2012


    Dentro de unas horas
    esta noche habrá estallado.
    ¿Qué voy a hacer conmigo?
    ¿Con esta casa que quise tanto?
    ¿Qué voy a hacer con las plantas,
    con las gatas, los escombros?
    ¿Qué voy a hacer con el oculto sueño
    de sonreír sin razones?

    Ya se escuchan los primeros gritos
    indefensos como los que ayer
    aturdieron mi adolescencia precoz.
    Voy a irme antes del impacto
    con los dedos rotos
    el llanto ahogado en la mochila.

    Y vos que hiciste tanto por mí
    ¿qué vas a hacer con los cuadros
    con los libros,
    con los pedazos de piel
    con los cuadernos,
    con la angustia de tenerme
    eternamente
    encerrada en tus ojos?



  • Contame y te cuento - 16-11-2011


    El humo se queda pegado
    a las paredes,
    baja aletargado hacia la ventana
    se escabulle igual que vos
    después de la cena.
    Hay que entender sin mirar tanto
    sin escuchar entender
    sin hablar.
    Contame de tus años mozos
    de cuando le echaste agua
    al tablero de alta tensión,
    contame del día que te perdiste
    camino a tu clase de fotografía
    en Recoleta.
    Vos no tenés talento para narrar
    pero describí tu primer beso,
    las cosquillas de tu panza mejor.
    Yo te puedo contar de mí
    algunas cosas que todavía no sabés.
    Nunca fui tan pobre antes de ahora
    tampoco tan rica.
    Muchas veces tuve los ojos vacíos
    y otras por demás llenos,
    las manos, las carteras,
    los cuadernos, el útero.
    Contame y yo te cuento
    como si estuviéramos leyendo
    uno de Ruiz Zafón,
    aunque a mí no me guste
    y te mienta lo suficiente
    para hacerte feliz.


  • Vos me hacés mejor - 21-09-2011


    Tenés el mentón redondo
    apuntando hacia adelante.
    Tenés el cuerpo cubierto
    de agua de río,
    lluvia, zanja.
    Yo bebo tus curvas
    las re dibujo
    exactas.
    De nada sirve
    mencionar lo que va implícito
    en las miradas
    los intercambios de saliva
    las palabras desprolijas,
    no sirve describir
    la exactitud con que encaja
    la parte más caliente de mi cuerpo
    en el tuyo.
    Y vuelvo a cometer errores
    a pronunciar palabras de amor
    en vez de hacer que el silencio
    estalle en tu entrepierna.
    Todo lo que digo
    se enreda en tu cabello
    y los dedos, la lengua,
    las lágrimas que no puedo
    contener.
    El porvenir se deshace
    en cada promesa,
    mañana no es mejor
    mañana no soy mejor.
    Este es el día
    el único día que puedo
    decir mi amor,
    el único día
    en que puedo
    lamer tu alma
    y arrancar a todos aquellos
    que te siguen, que te buscan,
    que suplican ser alimentados
    por el reflejo marrón
    de tus ojos.


  • Al límite - 16-09-2011


    Crece como enredadera
    de multifacéticas ramas,
    se esparce sigilosa
    arrastrando capas de tejido,
    se traga el oxígeno.
    La tristeza echó raíces
    cerca del vientre
    y crece demencial
    hasta la cabeza.
    Es hora nena
    de levantar campamento
    vaciar la casa
    los roperos
    tirar la vajilla
    los papeles
    quemar la ropa
    los muebles
    escupir la sangre
    aún fresca.
    Es hora de cerrar
    las puertas
    las ventanas
    la boca
    y apretar las manos
    fuerte
    hasta deshacer
    la impotencia.



  • Diez mil Mercedes veinte mil Carlos - 12-09-2011


    Hoy vi a través de la misma ventanilla
    por la que miré hace treinta años,
    escuché el chirrido agudo del metal
    al tiempo que el tren se detenía.

    Se podría decir que las calles
    de La Plata son las mismas
    pero no todo está igual,
    no hay niños corriendo pelotas
    en las veredas,
    no hay adolescentes
    sentados en ronda
    bajo el árbol más ancho
    de la plaza.
    Ahora no hay canciones
    de Spinetta girando en un winco
    no hay rimas de Neruda
    escapando por la ventana pequeña
    de un sótano
    no hay bares clandestinos
    ni reuniones secretas
    no hay pancartas que exijan
    libertad y justicia
    no hay parejas
    volviendo a casa en bici
    a toda velocidad,
    ahora no hay urgencia.

    Durante el trayecto
    me sacudió el aire cortante
    que entraba por la ventanilla,
    y como si alguien pusiera
    paños fríos sobre mi pecho
    una fuerte lluvia
    hizo que volvieran
    de un saque
    las momias a los museos
    las jirafas al zoológico
    los falcon verdes
    a las esquinas
    los guardapolvos
    las botas.

    Explota Sui Generis en mi cabeza
    y de pronto todo queda
    detrás de las paredes:
    el pasado luminoso
    y este presente
    en donde el sol
    no cuelga
    de ningún lado.


  • En otoño te lo digo - 04-09-2011


    Agua tus ojos
    roble tus pies.
    Yo forré tus ramas
    con papel de seda
    estiré tus raíces
    sacudí tu copa.
    Estás lista
    para acomodarte
    debajo
    de ese otro cielo
    gris, frío, escuálido.
    Estás lista
    para deshojar
    en septiembre
    y florecer
    en marzo.



  • Flor de otoño - 30-08-2011


    Día 1

    No esperaba, después de tanto tiempo de convivencia, tener que escribirte, pero lo cierto es que lo estoy haciendo. Sé que tu viaje era inevitable pero aún no puedo hacerme a la idea de no tenerte en casa. Hace apenas una hora que atravesé la puerta de entrada de nuestro departamento y es como si hubieran pasado meses desde tu ausencia. El ambiente está frío y el lugar deshabitado. Este momento de mi llegada, después del trabajo, en el que vos me cebas mate mientras yo te cuento cómo fue mi día, es uno de los hábitos que más extraño. Por eso decidí escribirte.

    Ahora, en un rato más, tomaré mi baño y me sentaré en la cama a esperar tu llamado, tal y como quedamos. Espero no dormirme en el intento ya que como sabrás fueron pocas las horas de sueño anoche, entre abrazos y besos, entre lágrimas y sonrisas, entre hacer el amor y despedirnos.


    Día 2

    Hoy amanecí con tos, parecida a la que tuve hace unos meses cuando me diagnosticaron bronquitis. Acordate que en esa oportunidad me curaste vos con ese té mágico mezcla de miel y limón. Antes de salir intenté prepararme uno igual pero parece que no lo logré porque ahora la tos es más intensa. Siento un poco de dolor en la espalda. Sospecho que debe ser un estado gripal a punto de estallar.
    Cuando era chica tenía a menudo esas gripes, casi anginas casi bronquitis. Al entrar en la adolescencia, mamá era una ?doctora? experta y abnegada enfermera que con toda la paciencia y grandes tazones de leche con miel, me curaba.
    Sin embargo aprendí a no darle demasiada importancia a estos estados y seguir adelante con la rutina programada, así que esta mañana me vestí y salí para mi trabajo como si nada pasara. La verdad es que reconozco que pasé frío. No tuve en cuenta la temperatura porque viste que en casa no se siente cuando hace frío y no logro acostumbrarme a prender el televisor para verificar el estado del tiempo como hace Yamila. Y eso que ella me insiste para que lo haga todos los días, pero la fobia que le tengo a ese vil aparatejo parece ser mayor que sus ruegos.
    En casa todo está en orden y tal vez sea esa una de las cosas que más me molestan.


    Día 3

    No voy a ir a trabajar, ya lo decidí. Es preferible quedarme un día sin salir y en la cama calentita antes de que mi estado empeore y después tenga que faltar más de un día. Eso siempre me lo dice mamá y no sé si lo voy a hacer porque efectivamente me lo aprendí de memoria o porque realmente no puedo ni moverme.
    Ahora que lo pienso, tal vez debería empezar a tomar sustanciosos desayunos antes de salir, como cuando era chica.
    Vivíamos en la casa de mis abuelos maternos, calculo que tendría alrededor de siete u ocho años. Por aquellos años me despertaba con ese olorcito tan familiar a churrasquito de lomo que mi abuela solía prepararle a mi abuelo. Saltaba de mi cama que estaba en el comedor y me metía sin pedir permiso en la cama con él. Sabía que momentos después llegaría el sandwichito de lomito recién hecho y calentito. Mi abuelo me miraba de reojo y sonreía, y apenas terminaba de comérmelo, lo miraba yo de reojo a él porque después de comer se venía la fragata. La fragata era un billete de mil pesos, de color violeta y tenía impresa justamente una fragata. Después que me la daba, mi abuelo se vestía y yo salía corriendo a mostrársela a mamá que me decía ?guardála y laváte las manos?.
    Mirá de lo que me vine a acordar, será que cuando me siento mal y estoy sola como ahora, siento una profunda necesidad de volver a ser chica para que me cuiden y me mimen como entonces.


    Día 4

    Hace horas que pienso en vos, pero no en tu presencia o en tu imagen, pienso en vos desde otro punto, con otro pensamiento.
    En la oficina, siempre que terminamos la parte operativa del trabajo, y antes de rendir cada uno lo suyo ante el jefe, hablamos. Siempre alguien dice algo que deriva en algún tema que nos mete de lleno en una discusión. No peleamos, sólo intercambiamos ideas.
    Hoy Ana dijo algo sobre la muerte, dijo ?mañana puedo estar muerta? y en ese momento y por un segundo hubo un profundo silencio, un aire denso que hizo que nos costara respirar. Todos automáticamente pensamos en lo mismo que ella. Mañana podemos estar muertos. A partir de esa frase empezamos a disparar alborotadamente lo que pensábamos. Y si, mañana cualquiera de nosotros puede estar muerto. Dos o tres confesaron su profundo temor a morir y los otros, por el contrario, mostraron indiferencia. Cada uno esgrimió sus razones por las que pensaban que no morirían mañana, pero todos terminamos diciendo lo mismo: ?nadie tiene la vida comprada?. Me quedé pensando en quiénes habían dicho la verdad y quiénes habían mentido. Yo no sabía si le tenía miedo a la muerte. Ahí fue cuando empecé a pensar en vos. No sabía bien qué pensaba, no en que te extrañaba ni en cuánto hacía que te habías ido, ni siquiera pensé en las ganas que tengo de besarte. No. Pensaba en vos de otra manera y creo que me llevó muchas horas darme cuenta qué era lo que pensaba de vos o porque lo pensaba.
    Como sea, hablar de la muerte produce el mismo vértigo que se genera al hablar o hacer algo prohibido, producimos tal adrenalina que se convierte en un tema atrayente e imposible de ignorar.
    Descubrí lo que era la muerte a los once años y tras un largo análisis. Una mañana desperté llorando sin control y mi madre vino corriendo a ver qué me pasaba, entonces le dije ?no me quiero morir mamá?. Después de unas horas y cuando ya estaba tranquila, mi madre me preguntó por qué había dicho eso. Durante la noche me había puesto a pensar en las personas que se morían, en lo que seguía inmediatamente a la muerte. Concretamente ese día llegué a la conclusión que te metían en un pozo y te cubrían con tierra. Eso era todo. Después de eso no había más nada, nunca más y eso fue lo que me aterró, el nunca más.

    En unos minutos más voy a tomar un baño. Miro a las perras correr de un lado a otro, a la gata moverse cautelosamente entre ellas, miro los libros que están por todos lados, las fotos sobre el modular, la ropa tuya que doblé prolijamente, el vaivén de las plantas, el llamador de ángeles que se mueve muy despacio. Miro. Miro todo y justo en este momento, cuando ya llevo más de medio día sin saber a ciencia cierta qué pienso, lo descubro. Hoy ya no le tengo miedo a la muerte, es un hecho. A lo que le tengo pánico es a morirme sin vos. Sin vos agarrándome la mano, sin vos mirándome con esos ojos que me dan tranquilidad, sin vos acariciando mi cabeza, sin vos diciéndome ?nena tranquila, que todo está bien?.


    Día 5

    No quiero preocuparte, por eso te mentí anoche cuando llamaste. Pero ahora, puedo contarte la verdad, total para cuando estés de vuelta y leas esta especie de ayuda memoria, mi enfermedad será sólo una anécdota. Mi voz suena grave porque la tos no cesa y tengo la garganta hinchada. En estos días me acostumbré a vivir con dolor de espalda pero hoy francamente no puedo hacer casi ningún movimiento por lo que decidí, sin ninguna otra opción, quedarme acostada.
    Miro a través de la ventana desde la cama y me sorprende lo que veo. Antes de hoy no había visto lo que se ve desde acá. Uno piensa que se puede ver todo a través de una ventana, pero acabo de confirmar la famosa frase hecha: ?todo se ve según desde donde se mire?.
    Veo los últimos pisos de dos edificios que están bastante juntos. Cuento las ventanas de uno, tres por cada piso, total trece, tres del décimo, tres del noveno, tres del octavo, tres del séptimo y estirando la cabeza, una del sexto. Son persianas viejas, descascaradas, que con el tiempo pintaron de blanco, porque originalmente eran de color madera. Cuatro están completamente subidas, cinco por la mitad y el resto cerradas. Entre edificio y edificio veo un espacio de cielo gris dividido por la punta de un pino. Entrecierro los ojos para afinar la imagen que me llega, hay una especie de niebla que distorsiona los contornos y de tanto entrecerrar creo que voy a cerrar por un rato. Últimamente siento los párpados pesados casi todo el día, y vos sabés cómo es eso, si te pasa mientras estás trabajando, en una fiesta o caminando por la calle, sacás fuerzas de donde sea y los mantenés abiertos, pero si te pasa estando en la cama, como estoy ahora, no hay cristo que impida que se cierren.


    Día 6

    Hay mucha gente en casa hoy. No puedo verlos a todos juntos, pero los escucho. Me llegan desde el comedor varios tonos de voces distintas, pero pasan a verme de a uno.
    Ahora sólo uno habla. Es José, dice algo así como que dios no vino a esta casa hoy y se le entrecorta la voz. Silencio otra vez y ahora escucho a Inés, reza pero yo no recuerdo esas oraciones.
    Mamá está desde hace horas, me pone paños fríos sobre la frente, me prepara el té como el que me preparás vos y me lo hace beber con una bombilla porque me cuesta mucho sentarme. A la mañana, cuando llegó, cambió las sábanas, lavó mi cara con agua y la secó. Me puso un camisón limpio y peinó mi cabello. Detrás de las orejas rocío unas gotas de colonia, para que me sienta fresca, dijo.
    A juzgar por la luz deben ser las cinco de la tarde. Yamila fue la primera que entró a nuestro cuarto, se recostó al lado mío y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Estuvo un largo rato así, en silencio, pero mientras estuvo así me dijo tanto. Después me habló de la facultad, sus clases, sus parciales, lo mucho que le cuesta entender a Freud, cosa que me arrancó una sonrisa.

    Ella sale del cuarto y yo no puedo mantener los ojos abiertos.

    Día 7

    No sé qué hora es, ni siquiera la luz me ayuda hoy. Parece que está nublado.
    Reina el silencio en nuestra casa, y a pesar de que muevo los labios y pronuncio nombres, ningún sonido sale de mi boca.
    Tengo la cabeza pesada, tal vez sea el paño que me ponen regularmente.
    Me siento como una flor de otoño, desprendiéndome suave desde la copa de un árbol y cayendo desde lo alto hacia un sitio que no sé precisar.
    Este día ya no soporto tu ausencia. Es cierto que lo disimulé a lo largo de este tiempo, pero hoy ya no puedo.
    Lamento no haber estado con vos cada vez que comenzaba un nuevo año, lamento no haberte podido besar cada ocho de enero, en nuestro aniversario.
    Lamento no haberte dicho que te amo, que te extraño, por temor a que me creas cursi.

    Sólo tengo un pedazo de cielo adonde mirar entre esos dos edificios, tal vez si pudiera verlo todo sería diferente.
    Porque es desesperante mirar al cielo y no ver a Dios.


    de
    Cuentos rojos


  • Desaparece la luz - 26-08-2011


    Desaparece la luz
    de las manos, de los ojos,
    de los brazos descompuestos,
    de los dedos que copulan con la boca,
    con la lengua, con la ingle,
    con la carne de enero
    en la noche desierta de semen,
    de legañas, de bostezos, de cerveza,
    de figuras humeantes, deformes,
    de encorvados acentos, escalones, almohadas,
    entre náuseas, saliva, lágrimas resecas,
    con angustia de domingo, de placenta,
    de mariposas negras, de aguacero,
    de preguntas incompletas, infinitas,
    de respuestas escritas en rojo,
    en las uñas del tiempo
    que se clava en la esquina
    izquierda
    de una lápida
    pretendiendo ser dios, cualquier dios,
    que detiene o continúa
    según se le da la gana.

    de De las bestias que me acosan


  • 5. - 23-08-2011


    Se vuelve imposible encajar
    en las palabras.

    Se siente insoportable encajar
    en las personas,
    en los árboles,
    en las bibliotecas,
    en las canastas del mercado,
    en el tren.

    Se vuelve desesperante
    recortarse para que no sobre nada,
    ensancharse
    para que todo alcance.

    Habría que declararse
    en estado de asfixia aguda
    cuando es imposible
    ser parte equitativa
    de las conjugaciones verbales,
    de los roperos,
    de las exigencias amorosas,
    de los paredones,
    de las calles
    que tienen un ritmo único.

    Ya quisiera
    que el mundo fuera
    como un guante mágico
    y que cada cosa
    encaje en mí
    sin que yo tenga que sufrir
    permanentemente
    una metamorfosis.

    Método indoloro,
    solución perfecta.


    de 300 km



  • Desprendimiento - 23-08-2011


    Aparente silencio el de esta noche.
    Un temblor in crescendo
    desde el fondo de la oscuridad
    apunta a la boca.

    Puntos celestes sucesivos
    se posan sobre el cielo negro,
    los sigo con el índice,
    afino la mirada en pos
    de una delicada terminación.

    Los dibujos nunca fueron mi fuerte,
    sin embargo las facciones
    se perfilan afables
    pálidas
    inexpresivas.

    Por eso oculto,
    no alcanza con apagar las luces
    no con cerrar las persianas
    o con apretar entre la madera
    el fino hilo que pugna por entrar.

    Y de golpe el frío
    como si el polo se hubiese
    trasladado a la pieza,
    a los pies,
    adentro.




  • Sin rastro - 23-08-2011


    Desde este lugar
    alcanzo el camino,
    encierro las huellas
    que deberían conducir
    mis pasos.
    La tierra que me cubre
    es la muestra clara
    de que no hay
    rastro que seguir.




  • Dejáme entrar - 18-06-2010


    A veces te me vas
    envuelta en negro
    hasta donde no puedo tocarte.
    Me cuesta alcanzar
    tus cabellos carbón.
    Te me vas y no consigo traerte
    a este puerto
    de óleos y margaritas.
    Se silencian tus ojos
    cada vez que te hablo
    y tus manos heladas
    sólo señalan el suelo.
    No me dejes tan sola,
    es noche fría
    de junio
    y necesito tu cuerpo
    para salvarme.
    No vueles sobre la casa
    como un manojo de algas
    empujando mar adentro.
    No te alejes tanto
    que temo no alcanzar
    tus pies.
    Es un ruego:
    dejáme entrar,
    tus senos son puertas
    tus ojos
    tus nalgas groseras,
    dejáme entrar,
    es noche fría
    de junio.


  • Espacios - 12-05-2010


    Hay noches en las que estoy
    fuera de mí,
    separo la ropa de mi piel,
    la piel de mis huesos,
    el corazón de adentro,
    y me elevo entreverada
    al humo de un cigarro.

    Desarmada de ojos,
    manos, boca,
    integro el espacio
    inadvertido
    que va desde tu frente
    hasta mi tobillo.

    Entonces,
    vuelvo a ser
    nosotras.


  • Dejar de ser - 15-04-2010


    Mira.
    Busca con los ojos
    algo a qué aferrarse,
    un tango que no recuerda,
    un apellido,
    la puerta que da
    a una calle empedrada.

    Pronuncia amor
    y a la vez
    maldice con voz gutural.

    Está defendiendo
    su derecho a morir,
    a que no la toquen
    ni la hostiguen
    con cucharadas excesivas
    de puré de zapallo.

    Cierra los ojos esperando no volver,
    está cansada,
    sin embargo
    por momentos
    le nace una fuerza
    que no conoce
    y vuelve a creer,
    a sacudirse el presente;

    le pone nombre
    a los muertos
    y se duerme.

    Después,
    cuando de nuevo
    abre los ojos,
    busca una mano que apretar
    y respira con el poco aire
    que le llega,
    sin comprender
    por qué no puede salir por la ventana
    y simplemente,
    dejar de ser.


  • Amor - 01-03-2010


    Hoy voy a hablar de amor:
    sin sangre, sin sentidos, sin orgasmos,
    amor desesperado, amor en ruinas,
    amor legalizado por la rutina de los besos,
    violado por las mentiras de la eternidad;
    amor que lame el alma hasta desaparecerla,
    amor sin amor con amor,
    amor con sudor sin pasión con placenta,
    amor sin labios con besos sin saliva,
    amor con olor sin piel con lengua,
    amor con punto sin coma con asterisco,
    amor con guerra sin paz con pausa,
    amor sin mujer sin hombre sin protesta.

    Voy a hablar de amor aunque sea cursi
    y empalague los ojos del hipócrita,
    del que duerme, del que espera.
    Voy a hablar de amor
    para salvar cuatro letras embarradas de polvo,
    con saliva, con esperma, con rutina,
    armarlas en el aire, darlas vuelta.

    Amor te nombro, te siento, te sacudo,
    amor que es uno solo, retorcido, entero,
    voy a gritar amor a las pieles sordas,
    a las bocas secas, a los ojos vírgenes.
    Apilar amor para que sea alto,
    beber amor hasta escupirlo,
    correr amor para ser libre,
    morir amor, enterrar amor, resucitar amor,
    hablar de amor y punto.

    Porque el amor me obliga a pronunciarlo:
    aplasta mi pecho como si fuera piedra
    para que largue todo lo que tengo
    en el estómago, en el tórax, en el esternón.

    Hoy voy a hablar de amor para todos:
    los de edad media, los mendigos,
    los de cabellos largos, los pulgosos,
    los que juntan años en la ingle,
    los que sienten nauseas ante el verbo,
    los muertos, los ciegos, los nonatos;
    y sería bueno que todos oigan
    porque para sordo
    ya está el mundo.


  • Siete horas antes - 23-02-2010


    Me cuesta ir a verlo,
    plantarme delante de él
    tratar de encontrarme en el fondo de sus ojos,
    no sé si voy a reconocer
    su voz de ahora.

    No puedo imaginar cómo se siente
    la piel de sus mejillas,
    ni las manos fuertes
    con las que antaño
    apretaba mi contorno.

    Por momentos lo veo parado
    en el centro de ese espacio verde,
    pero su cuerpo no tiene cabeza
    sino un sinnúmero de ramas
    idas en vicio.

    Tampoco sé si voy a reconocer
    mi voz de ahora frente a él,
    si me va a caber en los brazos,
    si su olor me va a entrar lo suficiente
    como para arrancarme la ternura
    que me arrancó su primer llanto.

    No sé qué le puede hacer mejor:
    si esgrimir conceptos sobre la vida
    que le abran una nueva ventana
    por donde asomarse a respirar
    o simplemente,
    decirle que lo quiero.

    Si me quedo quieta, callada,
    si me río histérica,
    tiene que saber que no me es indiferente.

    Hay un lazo invisible
    que va desde mi muñeca izquierda
    hasta una libertad recién nacida.

    Eso es lo que voy a dejarle
    en algún rincón
    de su gran jardín
    descolorido.