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Vos Yo que hicimos tanto por mí - 13-02-2012
Dentro de unas horas
esta noche habrá estallado.
¿Qué voy a hacer conmigo?
¿Con esta casa que quise tanto?
¿Qué voy a hacer con las plantas,
con las gatas, los escombros?
¿Qué voy a hacer con el oculto sueño
de sonreír sin razones?
Ya se escuchan los primeros gritos
indefensos como los que ayer
aturdieron mi adolescencia precoz.
Voy a irme antes del impacto
con los dedos rotos
el llanto ahogado en la mochila.
Y vos que hiciste tanto por mí
¿qué vas a hacer con los cuadros
con los libros,
con los pedazos de piel
con los cuadernos,
con la angustia de tenerme
eternamente
encerrada en tus ojos?
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Contame y te cuento - 16-11-2011
El humo se queda pegado
a las paredes,
baja aletargado hacia la ventana
se escabulle igual que vos
después de la cena.
Hay que entender sin mirar tanto
sin escuchar entender
sin hablar.
Contame de tus años mozos
de cuando le echaste agua
al tablero de alta tensión,
contame del día que te perdiste
camino a tu clase de fotografía
en Recoleta.
Vos no tenés talento para narrar
pero describí tu primer beso,
las cosquillas de tu panza mejor.
Yo te puedo contar de mí
algunas cosas que todavía no sabés.
Nunca fui tan pobre antes de ahora
tampoco tan rica.
Muchas veces tuve los ojos vacíos
y otras por demás llenos,
las manos, las carteras,
los cuadernos, el útero.
Contame y yo te cuento
como si estuviéramos leyendo
uno de Ruiz Zafón,
aunque a mí no me guste
y te mienta lo suficiente
para hacerte feliz.
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Vos me hacés mejor - 21-09-2011
Tenés el mentón redondo
apuntando hacia adelante.
Tenés el cuerpo cubierto
de agua de río,
lluvia, zanja.
Yo bebo tus curvas
las re dibujo
exactas.
De nada sirve
mencionar lo que va implícito
en las miradas
los intercambios de saliva
las palabras desprolijas,
no sirve describir
la exactitud con que encaja
la parte más caliente de mi cuerpo
en el tuyo.
Y vuelvo a cometer errores
a pronunciar palabras de amor
en vez de hacer que el silencio
estalle en tu entrepierna.
Todo lo que digo
se enreda en tu cabello
y los dedos, la lengua,
las lágrimas que no puedo
contener.
El porvenir se deshace
en cada promesa,
mañana no es mejor
mañana no soy mejor.
Este es el día
el único día que puedo
decir mi amor,
el único día
en que puedo
lamer tu alma
y arrancar a todos aquellos
que te siguen, que te buscan,
que suplican ser alimentados
por el reflejo marrón
de tus ojos.
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Al límite - 16-09-2011
Crece como enredadera
de multifacéticas ramas,
se esparce sigilosa
arrastrando capas de tejido,
se traga el oxígeno.
La tristeza echó raíces
cerca del vientre
y crece demencial
hasta la cabeza.
Es hora nena
de levantar campamento
vaciar la casa
los roperos
tirar la vajilla
los papeles
quemar la ropa
los muebles
escupir la sangre
aún fresca.
Es hora de cerrar
las puertas
las ventanas
la boca
y apretar las manos
fuerte
hasta deshacer
la impotencia.
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Diez mil Mercedes veinte mil Carlos - 12-09-2011
Hoy vi a través de la misma ventanilla
por la que miré hace treinta años,
escuché el chirrido agudo del metal
al tiempo que el tren se detenía.
Se podría decir que las calles
de La Plata son las mismas
pero no todo está igual,
no hay niños corriendo pelotas
en las veredas,
no hay adolescentes
sentados en ronda
bajo el árbol más ancho
de la plaza.
Ahora no hay canciones
de Spinetta girando en un winco
no hay rimas de Neruda
escapando por la ventana pequeña
de un sótano
no hay bares clandestinos
ni reuniones secretas
no hay pancartas que exijan
libertad y justicia
no hay parejas
volviendo a casa en bici
a toda velocidad,
ahora no hay urgencia.
Durante el trayecto
me sacudió el aire cortante
que entraba por la ventanilla,
y como si alguien pusiera
paños fríos sobre mi pecho
una fuerte lluvia
hizo que volvieran
de un saque
las momias a los museos
las jirafas al zoológico
los falcon verdes
a las esquinas
los guardapolvos
las botas.
Explota Sui Generis en mi cabeza
y de pronto todo queda
detrás de las paredes:
el pasado luminoso
y este presente
en donde el sol
no cuelga
de ningún lado.
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En otoño te lo digo - 04-09-2011
Agua tus ojos
roble tus pies.
Yo forré tus ramas
con papel de seda
estiré tus raíces
sacudí tu copa.
Estás lista
para acomodarte
debajo
de ese otro cielo
gris, frío, escuálido.
Estás lista
para deshojar
en septiembre
y florecer
en marzo.
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Flor de otoño - 30-08-2011
Día 1
No esperaba, después de tanto tiempo de convivencia, tener que escribirte, pero lo cierto es que lo estoy haciendo. Sé que tu viaje era inevitable pero aún no puedo hacerme a la idea de no tenerte en casa. Hace apenas una hora que atravesé la puerta de entrada de nuestro departamento y es como si hubieran pasado meses desde tu ausencia. El ambiente está frío y el lugar deshabitado. Este momento de mi llegada, después del trabajo, en el que vos me cebas mate mientras yo te cuento cómo fue mi día, es uno de los hábitos que más extraño. Por eso decidí escribirte.
Ahora, en un rato más, tomaré mi baño y me sentaré en la cama a esperar tu llamado, tal y como quedamos. Espero no dormirme en el intento ya que como sabrás fueron pocas las horas de sueño anoche, entre abrazos y besos, entre lágrimas y sonrisas, entre hacer el amor y despedirnos.
Día 2
Hoy amanecí con tos, parecida a la que tuve hace unos meses cuando me diagnosticaron bronquitis. Acordate que en esa oportunidad me curaste vos con ese té mágico mezcla de miel y limón. Antes de salir intenté prepararme uno igual pero parece que no lo logré porque ahora la tos es más intensa. Siento un poco de dolor en la espalda. Sospecho que debe ser un estado gripal a punto de estallar.
Cuando era chica tenía a menudo esas gripes, casi anginas casi bronquitis. Al entrar en la adolescencia, mamá era una ?doctora? experta y abnegada enfermera que con toda la paciencia y grandes tazones de leche con miel, me curaba.
Sin embargo aprendí a no darle demasiada importancia a estos estados y seguir adelante con la rutina programada, así que esta mañana me vestí y salí para mi trabajo como si nada pasara. La verdad es que reconozco que pasé frío. No tuve en cuenta la temperatura porque viste que en casa no se siente cuando hace frío y no logro acostumbrarme a prender el televisor para verificar el estado del tiempo como hace Yamila. Y eso que ella me insiste para que lo haga todos los días, pero la fobia que le tengo a ese vil aparatejo parece ser mayor que sus ruegos.
En casa todo está en orden y tal vez sea esa una de las cosas que más me molestan.
Día 3
No voy a ir a trabajar, ya lo decidí. Es preferible quedarme un día sin salir y en la cama calentita antes de que mi estado empeore y después tenga que faltar más de un día. Eso siempre me lo dice mamá y no sé si lo voy a hacer porque efectivamente me lo aprendí de memoria o porque realmente no puedo ni moverme.
Ahora que lo pienso, tal vez debería empezar a tomar sustanciosos desayunos antes de salir, como cuando era chica.
Vivíamos en la casa de mis abuelos maternos, calculo que tendría alrededor de siete u ocho años. Por aquellos años me despertaba con ese olorcito tan familiar a churrasquito de lomo que mi abuela solía prepararle a mi abuelo. Saltaba de mi cama que estaba en el comedor y me metía sin pedir permiso en la cama con él. Sabía que momentos después llegaría el sandwichito de lomito recién hecho y calentito. Mi abuelo me miraba de reojo y sonreía, y apenas terminaba de comérmelo, lo miraba yo de reojo a él porque después de comer se venía la fragata. La fragata era un billete de mil pesos, de color violeta y tenía impresa justamente una fragata. Después que me la daba, mi abuelo se vestía y yo salía corriendo a mostrársela a mamá que me decía ?guardála y laváte las manos?.
Mirá de lo que me vine a acordar, será que cuando me siento mal y estoy sola como ahora, siento una profunda necesidad de volver a ser chica para que me cuiden y me mimen como entonces.
Día 4
Hace horas que pienso en vos, pero no en tu presencia o en tu imagen, pienso en vos desde otro punto, con otro pensamiento.
En la oficina, siempre que terminamos la parte operativa del trabajo, y antes de rendir cada uno lo suyo ante el jefe, hablamos. Siempre alguien dice algo que deriva en algún tema que nos mete de lleno en una discusión. No peleamos, sólo intercambiamos ideas.
Hoy Ana dijo algo sobre la muerte, dijo ?mañana puedo estar muerta? y en ese momento y por un segundo hubo un profundo silencio, un aire denso que hizo que nos costara respirar. Todos automáticamente pensamos en lo mismo que ella. Mañana podemos estar muertos. A partir de esa frase empezamos a disparar alborotadamente lo que pensábamos. Y si, mañana cualquiera de nosotros puede estar muerto. Dos o tres confesaron su profundo temor a morir y los otros, por el contrario, mostraron indiferencia. Cada uno esgrimió sus razones por las que pensaban que no morirían mañana, pero todos terminamos diciendo lo mismo: ?nadie tiene la vida comprada?. Me quedé pensando en quiénes habían dicho la verdad y quiénes habían mentido. Yo no sabía si le tenía miedo a la muerte. Ahí fue cuando empecé a pensar en vos. No sabía bien qué pensaba, no en que te extrañaba ni en cuánto hacía que te habías ido, ni siquiera pensé en las ganas que tengo de besarte. No. Pensaba en vos de otra manera y creo que me llevó muchas horas darme cuenta qué era lo que pensaba de vos o porque lo pensaba.
Como sea, hablar de la muerte produce el mismo vértigo que se genera al hablar o hacer algo prohibido, producimos tal adrenalina que se convierte en un tema atrayente e imposible de ignorar.
Descubrí lo que era la muerte a los once años y tras un largo análisis. Una mañana desperté llorando sin control y mi madre vino corriendo a ver qué me pasaba, entonces le dije ?no me quiero morir mamá?. Después de unas horas y cuando ya estaba tranquila, mi madre me preguntó por qué había dicho eso. Durante la noche me había puesto a pensar en las personas que se morían, en lo que seguía inmediatamente a la muerte. Concretamente ese día llegué a la conclusión que te metían en un pozo y te cubrían con tierra. Eso era todo. Después de eso no había más nada, nunca más y eso fue lo que me aterró, el nunca más.
En unos minutos más voy a tomar un baño. Miro a las perras correr de un lado a otro, a la gata moverse cautelosamente entre ellas, miro los libros que están por todos lados, las fotos sobre el modular, la ropa tuya que doblé prolijamente, el vaivén de las plantas, el llamador de ángeles que se mueve muy despacio. Miro. Miro todo y justo en este momento, cuando ya llevo más de medio día sin saber a ciencia cierta qué pienso, lo descubro. Hoy ya no le tengo miedo a la muerte, es un hecho. A lo que le tengo pánico es a morirme sin vos. Sin vos agarrándome la mano, sin vos mirándome con esos ojos que me dan tranquilidad, sin vos acariciando mi cabeza, sin vos diciéndome ?nena tranquila, que todo está bien?.
Día 5
No quiero preocuparte, por eso te mentí anoche cuando llamaste. Pero ahora, puedo contarte la verdad, total para cuando estés de vuelta y leas esta especie de ayuda memoria, mi enfermedad será sólo una anécdota. Mi voz suena grave porque la tos no cesa y tengo la garganta hinchada. En estos días me acostumbré a vivir con dolor de espalda pero hoy francamente no puedo hacer casi ningún movimiento por lo que decidí, sin ninguna otra opción, quedarme acostada.
Miro a través de la ventana desde la cama y me sorprende lo que veo. Antes de hoy no había visto lo que se ve desde acá. Uno piensa que se puede ver todo a través de una ventana, pero acabo de confirmar la famosa frase hecha: ?todo se ve según desde donde se mire?.
Veo los últimos pisos de dos edificios que están bastante juntos. Cuento las ventanas de uno, tres por cada piso, total trece, tres del décimo, tres del noveno, tres del octavo, tres del séptimo y estirando la cabeza, una del sexto. Son persianas viejas, descascaradas, que con el tiempo pintaron de blanco, porque originalmente eran de color madera. Cuatro están completamente subidas, cinco por la mitad y el resto cerradas. Entre edificio y edificio veo un espacio de cielo gris dividido por la punta de un pino. Entrecierro los ojos para afinar la imagen que me llega, hay una especie de niebla que distorsiona los contornos y de tanto entrecerrar creo que voy a cerrar por un rato. Últimamente siento los párpados pesados casi todo el día, y vos sabés cómo es eso, si te pasa mientras estás trabajando, en una fiesta o caminando por la calle, sacás fuerzas de donde sea y los mantenés abiertos, pero si te pasa estando en la cama, como estoy ahora, no hay cristo que impida que se cierren.
Día 6
Hay mucha gente en casa hoy. No puedo verlos a todos juntos, pero los escucho. Me llegan desde el comedor varios tonos de voces distintas, pero pasan a verme de a uno.
Ahora sólo uno habla. Es José, dice algo así como que dios no vino a esta casa hoy y se le entrecorta la voz. Silencio otra vez y ahora escucho a Inés, reza pero yo no recuerdo esas oraciones.
Mamá está desde hace horas, me pone paños fríos sobre la frente, me prepara el té como el que me preparás vos y me lo hace beber con una bombilla porque me cuesta mucho sentarme. A la mañana, cuando llegó, cambió las sábanas, lavó mi cara con agua y la secó. Me puso un camisón limpio y peinó mi cabello. Detrás de las orejas rocío unas gotas de colonia, para que me sienta fresca, dijo.
A juzgar por la luz deben ser las cinco de la tarde. Yamila fue la primera que entró a nuestro cuarto, se recostó al lado mío y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Estuvo un largo rato así, en silencio, pero mientras estuvo así me dijo tanto. Después me habló de la facultad, sus clases, sus parciales, lo mucho que le cuesta entender a Freud, cosa que me arrancó una sonrisa.
Ella sale del cuarto y yo no puedo mantener los ojos abiertos.
Día 7
No sé qué hora es, ni siquiera la luz me ayuda hoy. Parece que está nublado.
Reina el silencio en nuestra casa, y a pesar de que muevo los labios y pronuncio nombres, ningún sonido sale de mi boca.
Tengo la cabeza pesada, tal vez sea el paño que me ponen regularmente.
Me siento como una flor de otoño, desprendiéndome suave desde la copa de un árbol y cayendo desde lo alto hacia un sitio que no sé precisar.
Este día ya no soporto tu ausencia. Es cierto que lo disimulé a lo largo de este tiempo, pero hoy ya no puedo.
Lamento no haber estado con vos cada vez que comenzaba un nuevo año, lamento no haberte podido besar cada ocho de enero, en nuestro aniversario.
Lamento no haberte dicho que te amo, que te extraño, por temor a que me creas cursi.
Sólo tengo un pedazo de cielo adonde mirar entre esos dos edificios, tal vez si pudiera verlo todo sería diferente.
Porque es desesperante mirar al cielo y no ver a Dios.
de Cuentos rojos
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Desaparece la luz - 26-08-2011
Desaparece la luz
de las manos, de los ojos,
de los brazos descompuestos,
de los dedos que copulan con la boca,
con la lengua, con la ingle,
con la carne de enero
en la noche desierta de semen,
de legañas, de bostezos, de cerveza,
de figuras humeantes, deformes,
de encorvados acentos, escalones, almohadas,
entre náuseas, saliva, lágrimas resecas,
con angustia de domingo, de placenta,
de mariposas negras, de aguacero,
de preguntas incompletas, infinitas,
de respuestas escritas en rojo,
en las uñas del tiempo
que se clava en la esquina
izquierda
de una lápida
pretendiendo ser dios, cualquier dios,
que detiene o continúa
según se le da la gana.
de De las bestias que me acosan
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5. - 23-08-2011
Se vuelve imposible encajar
en las palabras.
Se siente insoportable encajar
en las personas,
en los árboles,
en las bibliotecas,
en las canastas del mercado,
en el tren.
Se vuelve desesperante
recortarse para que no sobre nada,
ensancharse
para que todo alcance.
Habría que declararse
en estado de asfixia aguda
cuando es imposible
ser parte equitativa
de las conjugaciones verbales,
de los roperos,
de las exigencias amorosas,
de los paredones,
de las calles
que tienen un ritmo único.
Ya quisiera
que el mundo fuera
como un guante mágico
y que cada cosa
encaje en mí
sin que yo tenga que sufrir
permanentemente
una metamorfosis.
Método indoloro,
solución perfecta.
de 300 km
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Desprendimiento - 23-08-2011
Aparente silencio el de esta noche.
Un temblor in crescendo
desde el fondo de la oscuridad
apunta a la boca.
Puntos celestes sucesivos
se posan sobre el cielo negro,
los sigo con el índice,
afino la mirada en pos
de una delicada terminación.
Los dibujos nunca fueron mi fuerte,
sin embargo las facciones
se perfilan afables
pálidas
inexpresivas.
Por eso oculto,
no alcanza con apagar las luces
no con cerrar las persianas
o con apretar entre la madera
el fino hilo que pugna por entrar.
Y de golpe el frío
como si el polo se hubiese
trasladado a la pieza,
a los pies,
adentro.
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Sin rastro - 23-08-2011
Desde este lugar
alcanzo el camino,
encierro las huellas
que deberían conducir
mis pasos.
La tierra que me cubre
es la muestra clara
de que no hay
rastro que seguir.
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Dejáme entrar - 18-06-2010
A veces te me vas
envuelta en negro
hasta donde no puedo tocarte.
Me cuesta alcanzar
tus cabellos carbón.
Te me vas y no consigo traerte
a este puerto
de óleos y margaritas.
Se silencian tus ojos
cada vez que te hablo
y tus manos heladas
sólo señalan el suelo.
No me dejes tan sola,
es noche fría
de junio
y necesito tu cuerpo
para salvarme.
No vueles sobre la casa
como un manojo de algas
empujando mar adentro.
No te alejes tanto
que temo no alcanzar
tus pies.
Es un ruego:
dejáme entrar,
tus senos son puertas
tus ojos
tus nalgas groseras,
dejáme entrar,
es noche fría
de junio.
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Espacios - 12-05-2010
Hay noches en las que estoy
fuera de mí,
separo la ropa de mi piel,
la piel de mis huesos,
el corazón de adentro,
y me elevo entreverada
al humo de un cigarro.
Desarmada de ojos,
manos, boca,
integro el espacio
inadvertido
que va desde tu frente
hasta mi tobillo.
Entonces,
vuelvo a ser
nosotras.
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Dejar de ser - 15-04-2010
Mira.
Busca con los ojos
algo a qué aferrarse,
un tango que no recuerda,
un apellido,
la puerta que da
a una calle empedrada.
Pronuncia amor
y a la vez
maldice con voz gutural.
Está defendiendo
su derecho a morir,
a que no la toquen
ni la hostiguen
con cucharadas excesivas
de puré de zapallo.
Cierra los ojos esperando no volver,
está cansada,
sin embargo
por momentos
le nace una fuerza
que no conoce
y vuelve a creer,
a sacudirse el presente;
le pone nombre
a los muertos
y se duerme.
Después,
cuando de nuevo
abre los ojos,
busca una mano que apretar
y respira con el poco aire
que le llega,
sin comprender
por qué no puede salir por la ventana
y simplemente,
dejar de ser.
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Amor - 01-03-2010
Hoy voy a hablar de amor:
sin sangre, sin sentidos, sin orgasmos,
amor desesperado, amor en ruinas,
amor legalizado por la rutina de los besos,
violado por las mentiras de la eternidad;
amor que lame el alma hasta desaparecerla,
amor sin amor con amor,
amor con sudor sin pasión con placenta,
amor sin labios con besos sin saliva,
amor con olor sin piel con lengua,
amor con punto sin coma con asterisco,
amor con guerra sin paz con pausa,
amor sin mujer sin hombre sin protesta.
Voy a hablar de amor aunque sea cursi
y empalague los ojos del hipócrita,
del que duerme, del que espera.
Voy a hablar de amor
para salvar cuatro letras embarradas de polvo,
con saliva, con esperma, con rutina,
armarlas en el aire, darlas vuelta.
Amor te nombro, te siento, te sacudo,
amor que es uno solo, retorcido, entero,
voy a gritar amor a las pieles sordas,
a las bocas secas, a los ojos vírgenes.
Apilar amor para que sea alto,
beber amor hasta escupirlo,
correr amor para ser libre,
morir amor, enterrar amor, resucitar amor,
hablar de amor y punto.
Porque el amor me obliga a pronunciarlo:
aplasta mi pecho como si fuera piedra
para que largue todo lo que tengo
en el estómago, en el tórax, en el esternón.
Hoy voy a hablar de amor para todos:
los de edad media, los mendigos,
los de cabellos largos, los pulgosos,
los que juntan años en la ingle,
los que sienten nauseas ante el verbo,
los muertos, los ciegos, los nonatos;
y sería bueno que todos oigan
porque para sordo
ya está el mundo.
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Siete horas antes - 23-02-2010
Me cuesta ir a verlo,
plantarme delante de él
tratar de encontrarme en el fondo de sus ojos,
no sé si voy a reconocer
su voz de ahora.
No puedo imaginar cómo se siente
la piel de sus mejillas,
ni las manos fuertes
con las que antaño
apretaba mi contorno.
Por momentos lo veo parado
en el centro de ese espacio verde,
pero su cuerpo no tiene cabeza
sino un sinnúmero de ramas
idas en vicio.
Tampoco sé si voy a reconocer
mi voz de ahora frente a él,
si me va a caber en los brazos,
si su olor me va a entrar lo suficiente
como para arrancarme la ternura
que me arrancó su primer llanto.
No sé qué le puede hacer mejor:
si esgrimir conceptos sobre la vida
que le abran una nueva ventana
por donde asomarse a respirar
o simplemente,
decirle que lo quiero.
Si me quedo quieta, callada,
si me río histérica,
tiene que saber que no me es indiferente.
Hay un lazo invisible
que va desde mi muñeca izquierda
hasta una libertad recién nacida.
Eso es lo que voy a dejarle
en algún rincón
de su gran jardín
descolorido.
